Responsabilidad en las ideas

Es curioso lo que pasa con ciertas ciencias: algunas hay en las cuales nadie se atreverá a meter baza sin estudiarlas previamente; tales la lógica o las matemáticas; otras hay en las que espontáneamente todo el mundo querrá intervenir ante cualquier planteamiento: por ejemplo la filosofía o la moral. El aspecto de «técnicas» que tienen las primeras, alejan a los inexpertos; el aspecto de «humanas» que tienen las segundas, los atraen.

El sacerdote en la novela moderna

Los hombres de cada época proyectan sobre los personajes de su literatura el conjunto ambiental de sus propias ideas entre las que se mueven. Sobreviene otra época, con un ambiente, y se encuentran arbitrarios e irreales los personajes de los años anteriores. En la época caballeresca del Amadís de Gaula se fingieron un mundo enteramente irreal del que hizo mofa Cervantes no sólo en el Quijote, sino ocasionalmente en otros sitios, como en sus Novelas Ejemplares. cuando dice de los pastores que no se llaman Amarilis, ni cantan dulcemente en los prados, sino que tienen nombres muy vulgares y cantan con voz ronca y desentonada.

Dar en el blanco

Había un cazador novel que nunca pudo cazar una liebre, y al hacérselo notar uno de sus camaradas contestó: «Estaré todo el día disparando en todas direcciones». Pero le replicaron: «Amigo mío, no está el negocio en disparar muchísimo, ni en muchísimos sentidos, sino en uno: dar en el blanco.

Gozo de la Verdad

Con maravillosa penetración psicológica San Agustín escríbió entre las muchas páginas inmortales de sus Confesiones, una que lo es a título especial: aquella en que describe su «querer»,. que es un «querer y no querer», cuando el alma se ordena a sí misma algo, y no se obedece. Si manda, parece querer; si no obedece su propio mandato, manifiesta no querer: «Manda el alma que se mueva la mano y la rapidez es tanta, que apenas la ejecución se distingue del mandato. Y eso que el alma es el alma, y la mano es cuerpo. Manda el alma que quiera el alma; el alma es una misma y no obstante, no se hace. ¿De dónde nace este monstruo? ¿ Cuál es su causa? Manda que quiera; si no quisiera, no mandara; y no se cumple lo que manda».

Lo afectivo e efectivo

Cuentan de una gran empresa industrial que en cierta ocasión quería admitiese sus productos un cliente irascible y enemistado. No sabiendo los dirigentes de la empresa cómo ha1cerlo, le enviaron a un agente, aunque sin esperanza de éxito en su misión. Cuando he aquí que, al poco tiempo, vuelve triunfante el comisionado. Estupefacto, el gerente le preguntó: ¿Pero qué razones presentó usted para convencer a nuestro cliente? ¿Cómo pudo arreglárselas para explicarle algo más que ya no se lo hubiéramos explicado nosotros? El agente contestó sencillamente: Antes de visitar a nuestro cliente me enteré sobre qué era lo que más amaba, y me dijeron que su hijo. Pregunté entonces qué aficiones tenía su hijo, y me enteré de que hacía colección de sellos. Hablé largamente con el chico, intercambié sellos con él. Cuando su papá me identificó como el amigo de su hijo, coleccionista de sellos, fue él mismo quien me sugirió las circunstancias en que podría hallarse el arreglo. Y concluyó su relato: Antes que discutir razones, hay que ganar el afecto para que las puedan ver: lo afectivo es efectivo.

Mundo en crisis

Hay épocas históricas cuya tónica es el esplendor de una edad de oro. Otras hay cuyo rasgo más típico es la desazón de una crisis. Es verdad que para poder juzgar un priodo histórico hay que colocarse lejos de él, como hacemos para mirar un cuadro: el que está tocándolo, no ve las perspectivas. No obstante podemos tener por lo menos ciertos atisbos de algo que dirán de nuestro siglo. Dirán algo parecido a lo que decimos del mundo renacentista: es un mundo en crisis.

Naturalismo

Así como no puede haber injerto si no hay patrón sobre el cual se suelde, tampoco hay «sobrematuraleza» sino respecto de una «naturaleza». Esta da el soporte; aquélla da la elevación a un término superior.

Sin filosofía

Hay una lógica interna en el desarrollo de los hechos, que no se pliega a la voluntad de los hombres. Si el fisico quiere que las leyes de la naturaleza sirvan a sus designios, ha de empezar él obedeciéndoles: si no lo hace, la fuerza interna de las leyes naturales, la lógica interna de los hechos seguirá su camino haciéndole fracasar.

Sin teología

Nuestro último Editorial tenía un título semejante al actual: «Sin Filosofía». Decíamos que hay en los hechos una lógica interna que no se pliega a la voluntad de los hombres; que precisamente por ello iban abocados a disminuir en sumo grado, hasta parecer a veces que se suprime, la enseñanza y estudio de la Filosofía en la formación del sacerdote. Señalábamos cuáles eran fundamentalmente los hechos que movidos por esta lógica interna, desembocan en tan lamentable resultado: que desoyeron constantemente la voz de la Santa Sede, que bajo mil formas distintas y en mil ocasiones diversas, ha encargado que se forme al futuro sacerdote con la «Sapientia Aquinatis», para tomar la frase del inmortal León XIII en 1879 en la «Aeterni Patris»; es decir, no precisamente para estrechar la puerta y «pedir más de lo que la Iglesia pide para entrar» como si todo el asunto estuviera centrado en tesis discutibles, sino en el acervo de la tradición inconmovible, como recordaba Pío XI en su «Studiorum ducem» de 1925; o bien, tomando aquel conjunto firme y estable de la Filosofía «nostris tradita scholis» en frase del inolvidable Pío XII en su «Humani Generis» de 1950, Filosofía cuyo núcleo fundamental, inconmovible y cierto, hay que distinguir cuidadosamente de todo lo que son aportaciones complementarias, cuestiones discutibles, puntos de un ulterior y posible perfeccionamiento que no destruye lo anterior, sino que lo completa.

Comprobar antes el resultado

Lo hacen siempre los ingenieros: cuando se ha presentado un proyecto de máquina, por muy bueno que sea sobre el papel, nunca se lanzan a fabricarlo en serie sin antes probarlo. Una cosa es lo que sobre el papel habría de suceder y otra cosa es lo que de hecho pasa sobre el suelo. Porque no es posible al inventor captar absolutamente todos los elementos, a veces casi imperceptibles dentro de la compleJidad de las cosas singulares, elementos que, actuando en la realidad, a veces disminuyen o hasta malogran, lo que en teoría ofrecía grandés ventajas. No precisamente porque la teoría sea falsa, sino por incompleta; por no haber podido abarcar dentro de su abstracción todo lo real.

Mundo nuevo

No hay duda: está fraguando un nuevo período en nuestro mundo occidental. Basta advertir la desazón, las contradicciones, las críticas, ya fundadas, ya infundadas, que pululan en todas partes, los cambios que se suceden, muchas veces mejorando lo que tenemos, otras veces empeorándolo; basta advertirlo para admitir que está en gestación un Mundo Nuevo. ¿Será mejor que el actual? ¿ Será peor? Esto es lo que todos nos preguntamos. Que sea mejor es lo que anhelamos.

¿Y la filosofía del seminarista?

En estas mismas páginas observábamos en enero de 1965 un punto que creíamos del mayor interés: la integración de los estudios que forman al sacerdote, dentro de un plan unitario y jerárquico.

Metafísica de la Libertad religiosa

La noción de «necesidad» o «determinación» se nos manifiesta en Metafísica como una de las propiedades del Ser. El Ser (es decir, lo que toca a cualquier ser en la medida en que sea y precisamente por ello) encierra en sí mismo una «unidad» o necesidad o determinación: todo ser está necesitado, determinado, a no poder no ser, en cuanto sea; sin ello ni sería «verdadero» (no podríamos decir con verdad lo que es, pues por hipótesis en el mismo sentido y momento podría no ser), ni «perfecto» o «bueno» (pues no se constituiría en el ser por el término de la apetición, ya que por hipótesis pudiendo en igual sentido no ser, no lo constituiría en el ser). Esto es lo que compendiosamente expresamos cuando decimos que el Ser es Acto.

Y ahora, ¿qué?

Ya sabemos que la Revelación cristiana no tiene necesidad de sistemas filosóficos. Pero sabemos también -aunque frecuentemente hoy se olvida- que puede recibir de ellos una gran ayuda o un gran estorbo.

Palabras decisivas de afán de verdad

«La desconfianza que, hasta en los ambientes católicos, se ha difundido acerca de la validez de los principios fundamentales de la razón, o sea de nuestra philosophia perennis, nos ha desarmado frente a los asaltos, con frecuencia radicales y capciosos, de pensadores de moda.»
Estas fueron las palabras que mirando las cosas desde su alto puesto de observación, pronunció Pablo VI en Bogotá en agosto pasado, ante la segunda asamblea del episcopado latino-americano.

El ateísmo y la fe en Dios

Siguen publicándose libros sobre el tema de Dios: desde los que lo tratan con ocasión de una exégesis bíblica o de un contexto filosófico, hasta los que descienden al plano de una encuesta casi periodística llevada a término entre literatos, artistas o intelectuales. Una enorme diversidad de maneras de enfocar este tema.