El ser principal y Dios: Una observación a la teología de Maimónides

En la historia de la teología se han señalado como dos trayectorias en la tematización de Dios intrínsecamente diferentes: la concepción esencialista y la concepción existencialista de Dios. Según la primera «Dios ha sido advertido como el ente por excelencia y en su grado más alto»; para ella «Dios es siempre algo, por sublime que sea». Para la segunda, «sobrepasado el nivel óntico y alcanzado el plano existencial», la esencia de Dios es pura existencia y por ello «sabemos que Dios es, pero no lo que es, ni tiene nombre, puesto que solamente es».

La intelección del principio de causalidad

El principio de causalidad es formulado por Aristóteles, entre otros lugares, al final del cuarto capítulo del libro octavo de la Física: «todo lo movido es movido por algo». Sin embargo, el alcance de dicho principio en la ontología aristotélica es limitado; tiene valor sólo predicamental, por cuanto un ente causa el movimiento de otro ente. Si el ente es previo a su acción causal, y ésta a su vez anterior al movimiento, el principio mentado no puede trascender la división categorial del ente, que le antecede. A mi ver, este enfoque es razón del bagaje de conclusiones que el estagirita saca del susodicho principio, entre las que destaca la demostración de la existencia de Dios como causa primera del movimiento, Dios es el ente que causa, como causa final, el movimiento eterno de la primera esfera astral; primer motor inmóvil.

La naturaleza según Nicolás de Cusa (1401-1464)

Me propongo hablarles aquí de la visión de la naturaleza que tenía y nos legó el cardenal Nicolás de Cusa, para finalmente presentarles alguna objeción a ella; porque, aunque la considero muy asequible e interesante, me parece insuficiente. Pero, antes de llegar a ello, vamos a exponer su pensamiento sobre la naturaleza; y para hacerlo, comenzaremos dando un rodeo, y empezaremos hablando de Dios, que es el tema central de la filosofía cusana.