La revolución hermenéutica de H.G. Gadamer

Gilson publicó entre 1926 y 1929 dos extensos artículos defendiendo la concepción tomista del intelecto agente frente a la teoría de la iluminación agustiniana y árabe. A estos artículos siguieron, en la misma línea, varios escritos de diversos medievalistas. En esos documentos se trata, en suma, de revisar la opinión de algunos pensadores antiguos y medievales que admitieron que Dios o las llamadas sustancias separadas son la única luz que ilumina el conocimiento del hombre. En consecuencia, admitían que el conocer humano no podría ser siempre y en todos los casos, sino pasivo respecto de esa luz. En efecto, esa tesis fue defendida por los diversos filósofos estudiados por Gilson, a saber, el griego Alejandro de Afrodisia, el judío Ibn Gabirol, los árabes Al-Kindi, Al-Farabí, Avicena y Algazel, y otros cristianos que él encuadra dentro de lo que denomina “l´augustinisme avicenisant” (Domingo Gundisalvo, Guillermo de Auvernia, Roger Bacon, Roberto Grosseteste y Juan Peckham).