La Patria y el Camino. El juicio de San Agustín sobre el platonismo

Mi intento, en este artículo, es sencillo: recoger y agrupar los principales textos en que San Agustín. a lo largo de toda su obra, enjuicia, desde su fe cristiana, la filosofía platónica y neoplatónica. No pretendo, por tanto, estudiar las relaciones entre cristianismo y platonismo en el pensamiento agustiniano. Ni tampoco analizar las etapas de la evolución espiritual de San Agustín hasta desembocar en su platonismo cristiano.

Moral del deber y Moral del deseo en San Agustín

Las pruebas de la existencia de Dios, en San Agustín, siempre van acompañadas de su consecuencia moral. La ascensión teórica hasta el Principio prepara y exige la ascensión práctica. San Agustín investiga el Ser, para elucidar el deber ser del hombre. Busca cuál es el Ser verdadero y el Bien supremo, para saber cuál debe ser el fin del hombre, cuál es el Bien último que el hombre debe amar.

Participación y conocimiento de Dios en la predicación de San Agustín

Todo conocimiento verdadero de Dios es imposible si no se es capaz de concebir realidades intelectuales y espirituales, no sensibles; no materiales. San Agustín lo sabe por experiencia propia. Durante largos años, como él mismo nos narra en Las confesiones, fue incapaz de pensar más realidad que la material y, en consecuencia, imaginaba a Dios como un cuerpo luminoso e inmenso. Fue Plotino quien le liberó del materialismo, le descubrió la existencia de realidades inmateriales, como la verdad o la justicia, y le enseñó a pensar a Dios como espíritu inmutable.

San Agustín y el ateismo moderno

San Agustín toca muy pocas veces y siempre de paso el problema del ateísmo. Le parece a San Agustín que el ateísmo es una locura de pocos: insania ista paucorum est. Piensa San Agustín que la razón humana, salvo contadas e indignas excepciones, siempre ha conocido a Dios como autor del universo: Haec est vis verae divinitatis ut creaturae rationali iam ratione utenti non omnino ac penitus possit abscondi. Exceptis enim paucis in quibus natura nimium depravata est, universum genus humanum Deum mundi huius fatetur auctorem. El ateo, para San Agustín, es un degenerado; la causa del ateísmo es el desorden moral: af ectiones corrumpunt animam et sic excaecant ut possit etiam dicere: non est Deus. Según San Agustín, el problema no es la existencia de Dios, sino la naturaleza de Dios: Deus ubique secretus est, ubique publicus; quem nulli licet ut est cognoscere, et quem nema permittitur ignorare.

Notas de metafísica Agustiniana

Conocemos el nombre y el ser inefable de Dios, porque El mismo nos lo ha revelado: Dios es el mismo Ser (ipsum esse), el Ser por antonomasia (ipsum esse se vocari respondit). San Agustín, en ocasiones, fuerza el lenguaje y emplea esta expresión sorprendente: Dios es ES (non aliquo modo est, sed est EST).

La participación en la filosofía de San Agustín

La participación platónica es el alma de la filosofía de San Agustín, el centro unificador de donde salen y adonde convergen las grandes líneas del sistema. Dios es el Ser, la Verdad y el Bien. Los seres creados participan del Ser, de la Verdad y del Bien. El hombre en particular participa del Ser para ser, de la Verdad para conocer y del Bien para amar, ser bueno y feliz.

Veritas y essentia, nombres de Dios en San Agustín

Cuando, hace ya algunos años, empecé a estudiar a San Agustín, me sorprendió comprobar que, para nombrar a Dios, el santo emplea con preferencia la palabra Veritas, y no las palabras Bondad o Amor, como cabía esperar de un pensador tan cordial. Recordemos algunos textos célebres: O veritas quae vere es!; O aeterna veritas … tu es Deus meus; Quid fortius desiderat anima quam veritatem?

Moral de la ley y moral del bien. Kant y Santo Tomás

Según Kant, no es Dios el fundamento de la moral, sino la moral el fundamento de (la existencia de) Dios. Sólo desde la moral podemos afirmar la existencia de Dios. El razonamiento que, partiendo de Dios, explica el deber (Dios existe, luego debo cumplir la ley) es ingenuo. Sólo es crítico el razonamiento opuesto que, partiendo del deber, llega hasta Dios (debo cumplir la ley, luego Dios existe).

Fragmentos de filosofía

«Un hombre pobre tiene un Dios rico, un hombre rico tiene un Dios pobre», ha escrito Feuerbach. Para el ateísmo moderno, Dios no es más que una proyección del hombre. Dios es lo que el hombre todavía no es. El hombre pone en ese Ideal, que llama Dios, las perfecciones que él desea y de las que carece. El hombre está alienado. El progreso del hombre es un proceso de desalienación o ensimismamiento: tomar para sí, apropiarse las perfecciones de las que se había desposeído. Devolver a su verdadero Sujeto (el hombre) los Predicados (verdad, bondad … ) que, por ignorancia, había puesto en un Sujeto ilusorio (Dios). Escribirá Sartre: «Si Dios es todo, el hombre es nada; si el hombre es todo … ». No es verdad. La verdad es todo lo contrario.

Fragmentos de filosofía

El hombre es el ser más grande de la creación. Sólo lo supera Dios. «Nihil potentius ista creatura, quae mens dicitur rationalis, nihil creatura sublimius. Quidque supra istam est, iam Creator est.» La grandeza del hombre es un enigma. El hombre es para sí mismo un abismo insondable, hamo abyssus. El hombre no puede abarcar su propia grandeza: nec ego ipse capio totum quod sum.