Cristo hombre perfecto. Naturaleza y gracia en la Persona Divina de Cristo

Todo el orden natural y su ser culminan en la perfección de la naturaleza dada por la gracia que encontramos en la naturaleza humana de la Persona del Verbo. El estudio tomasiano de Cristo responde radicalmente a la objeción de que la metafísica occidental ha olvidado el ser, considerando la relación entre ser y naturaleza desde su fuente Increada. Desde el supuesto escriturístico se reflexiona acerca de la Exposición de la Carta a los Efesios, en la cual el Angélico explica el significado del hombre perfeccionado por su unión con Cristo. El perfeccionamiento que produce Cristo por ser hombre perfecto, se explicita en los cristianos, pues cada uno está llamado a la perfección espiritual cumplida en la Resurrección. Si ningún individuo humano realiza toda la perfección humana, en Cristo se da toda la perfección de la naturaleza humana, en razón de que la Persona divina de Cristo existe por el Ser divino. Santo Tomás concluye respecto de la humanidad de Cristo considerada como Cabeza de la Iglesia, y esta perspectiva es asumida por el Concilio Vaticano II. Desde el punto de vista metafísico la “participación” no es suficiente para explicar la unión del Verbo Encarnado. La humanidad no solo participa de la naturaleza divina, sino que tiene el esse divino. La restauración de la humanidad se logra cuando esta alcanza la unión con la inmutabilidad de Dios, el Ipsum esse subsistens, que es la Trinidad revelada por el mismo Cristo, por medio de la gracia personal y habitual del Verbo encarnado que nos conduce y une al Padre.