Educación, fuente y resultado del humanismo

Educare es un término latino que proviene, a su vez, del verbo duco, ducis, ducere, que significa “conducir”. Al mismo tiempo, educare está formado por el prefijo “e” que es un término que señala procedencia (en palabras que comienzan con vocal se le
añade una equis, “ex”) y que significa literalmente “sacar”, “hacer salir”. De manera que, ya desde la definición nominal, educare significa “sacar lo que hay ahí”, “conducirlo”, “llevarlo a su término”. Ahora bien, si a lo que está ahí, que es el ser humano, es preciso conducirlo y llevarlo a su fin propio, digamos sin más, su esencia, educare denota un proceso, un dinamismo, un movimiento. Y esto ya expresa y manifiesta el carácter dinámico del proceso educativo, por lo tanto, algo que, para ser tal, no debe
detenerse. En otros términos, educar es un movimiento que no se detiene; lo cual implica que el ser humano, mientras vive esta vida temporal, no termina de educarse y, mejor dicho, siempre tiene que estar en ese movimiento que se llama educación.